
Por Arkadin;
No se asusten, por favor. Que no voy a hablarles sobre el precio de la merluza, ni tampoco voy a recordarles que el kilo de angulas está por la nubes, sino que vamos a reflexionar sobre las pasada decimonovena ceremonia de los premios Goya. Y digo “vamos” porque tal y como explica mi amigo Drope, este blog pretende ser un foro de discusión - eso sí, sin hacer uso de la violencia; las piedras que arrojen rebotarán contra su ordenador y es una lástima malgastar así el dinero -, de un sano intercambio de ideas, que buena falta nos hace en este mundillo de la comunicación; unos mass media -que diría el experto- contaminados por el marketing político.
Una vez hecha la declaración de principios pertinente, lo mejor será ir al grano.
La mayoría de ustedes se estarán preguntando: ¿este tío no llega un poco tarde? ¡Hace ya cinco días que se bajo el telón! Tranquilos. Lo sé, lo sé. Pero si lo piensan detenidamente, ¿ qué importa eso? Está pseudo-crónica podía haberse escrito incluso una semana antes de la ceremonia. Todos y cada uno de los que vimos la gala ya sabíamos quién iba a ser el caballo ganador. “Mar adentro” arrasó; casi el pleno al quince. Y cuidado: que yo no digo que no se los mereciera, pero no nos engañemos, lo previsible acaba aburriendo.
El film de Amenábar hizo historia con 14 goyas, incluidos los premios a la mejor música, al mejor guión original, a la mejor dirección y a la mejor película. Orsoncito (así es como llama mi amigo Pumares a Alejandro) ya tiene en su haber 7 cabezones y con sólo 32 años. ¿Alguien dudaba de su talento? Desde su opera prima “Tesis”, el chaval ya apuntaba maneras. ¡Enhorabuena!
En relación al resto de premiados, no hubo grandes sorpresas. A destacar el goya a la película extranjera de habla hispana, que fue para “Whisky”, de nacionalidad uruguaya y que según opinión de los entendidos, es un homenaje al cine de Kierostami (espero haberlo escrito bien). ¿Interesante? Es posible. ¿Una historia con ritmo? Sinceramente, lo dudo; sobre todo viendo cuáles son sus raíces.
Y respecto a los momentos emotivos de la noche, a resaltar el goya de honor a Jose Luís López Vázquez, quien tuvo palabras de recuerdo para su viejo y buen amigo, el ya desaparecido Agustín González. Señores y señoras de la Academía, ¿para cuando el goya honorífico, aunque sea póstumo? Espero que el año que viene esten a la altura.
Tampoco podemos olvidar las palabras de su presidenta Mercedes Sampietro, quien apostó por una lucha directa contra la piratería. Mientrastanto, nuestro presi ZP acompañado por su esposa Sonsoles, se lo miraba todo con cierta distancia y aguantando lo que le echasen. ¿No le llamaban el hombre tranquilo?
Poco más podría añadir. A excepción de la agradable sorpresa de ver a la diva Montserrat Caballé ejerciendo de cómica y de la tríste estrategía de intentar agilizar una gala recurriendo al viejo truco del tío Oscar que consiste en dejar hablar, pero lo justo.Eso sí, todo a través de micrófonos de diseño que aparecían y desaparecían como por arte de magia gracias a un control remoto. Por suerte, la matriarca de los Serrano. Belen Rueda, les paró los pies a tiempo. !Eh¡ Y ¿qué me dicen del gran ausente y olvidado Pedro Almodóvar? “La mala educación” no se llevó ninguno de los 4 goyas a los que optaba ¿Habrá pelea de gallos entre Orsoncito y el divo manchego?
Tal y como dijo Diego Galán el lunes pasado en El País, “el cine español está bien; sus ceremonias, peor”.
Palabra de Arkadin. Larga vida al cine español.