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ATRINCHERADOS

Cultura y espectáculos

Volar y volar...

Volar y volar... Por Arkadin;

Érase una vez un niño pijo de Tejas que pasó su infancia entre cuatro paredes a causa de la obsesión de su mamá por protegerle de la bacterias y virus varios. “Cuarentena…cuarentena…”, palabra mágica que resonó en su cabeza y le acompañó de por vida.
Con el tiempo, aquel chaval creció y se hizo un hombre de provecho. Howard Hughes era su nombre.
Corrían los años 30 y siendo el único heredero del negocio petrolífero familiar tras la muerte de sus progenitores en un incendio, decide dilapidar toda la fortuna invirtiendo el dinero en hacer películas y construir el avión más rápido del mundo.
No tardará mucho en iniciar su carrera de ascenso social: estrena “Ángeles del Infierno” y logra hacerse un hueco entre la jet set del joven Hollywood. Amigo del borrachín Errol Flyn; enemigo de los hermanos Warner y el comité de censura; amante de Katharine Hepburn, Ava Gardner o Rita Hayworth -el grandullón de Orson (Welles) contrató a un detective privado para comprobar lo que ya era obvio: su Rita se la pegaba con el magnate tejano. ¡Ay mamá!, ¿qué será lo que tiene Howard?
Pero como todo gran hombre, también tenía su lado oscuro: un sinfin de obsesiones enfermizas que le acompañaron durante la segunda mitad de su existencia. Tales como llegar a lavarse las manos cientos de veces al día o incluso no saludar con el clásico apretón de manos por miedo a contraer no sé que bacterias. Todo un personaje que acabo los últios años de su vida recluido en un sanatorio.
Un tipo rarito este Hughes, aunque interesante. Y si no que se lo pregunten a Martin Scorsese, ese niño asmático que creció viendo cine en Little Italy y se ha convertido ya en un clásico moderno.
Volviendo al tema que nos atañe, Martin ya está satisfecho. Por fin ha logrado llevar a la pantalla la vida del joven Hughes. Candidatos no le faltaban: Warren Beatty, Lucas o Spielberg también lo intentaron. Pero finalmente fue Scorsese quien se llevo el aviador al agua. Y viendo los resultados parece que no le ha ido mal del todo. Ahí están esas 15 nominaciones para los oscars.

“El Aviador” es una buena película. Tal vez excesiva en su metraje; sobre todo su media hora final. Respecto a la primera parte, personalmente me gusta más: es un buen fresco del Hollywood de los años 30, sus entresijos, chismorreos y festines bañados en alcohol, muchísimo alcohol.
Las interpretaciones, más que correctas. ¿DiCaprio ganará por fin el oscar? Es posible, aunque ese Howard con bigote no acabe de ser muy creible.
Sobresale la interpretación de Cate Blanchett como la verborreica Katharine Hepburn. A criticar: que tiende más a imitar a la perfección los tics como actriz y no a la persona.
Y ¡sorpresa!: Alec Baldwin también es actor. Parece que los años y un liegero sobrepeso le hayan ayudado.
Mi consejo: deberían ir a verla. Creo que la mayoría ya sabemos que Scorsese jamás volverá a hacer otro “Taxi Driver”ni tampoco un nuevo “Uno de los nuestros”. Pero como mínimo, el bache de “Gangs of New York” ya quedado superado. ¡Aleluya!
Vayan a su cine más cercano y ya me dirán. Y recuerde: “el futuro es el camino”. Cuando salgan de la sala sabrán el porque. Palabra de Arkadin.

Todo el pescado ya estaba vendido

Todo el pescado ya estaba vendido Por Arkadin;

No se asusten, por favor. Que no voy a hablarles sobre el precio de la merluza, ni tampoco voy a recordarles que el kilo de angulas está por la nubes, sino que vamos a reflexionar sobre las pasada decimonovena ceremonia de los premios Goya. Y digo “vamos” porque tal y como explica mi amigo Drope, este blog pretende ser un foro de discusión - eso sí, sin hacer uso de la violencia; las piedras que arrojen rebotarán contra su ordenador y es una lástima malgastar así el dinero -, de un sano intercambio de ideas, que buena falta nos hace en este mundillo de la comunicación; unos mass media -que diría el experto- contaminados por el marketing político.

Una vez hecha la declaración de principios pertinente, lo mejor será ir al grano.
La mayoría de ustedes se estarán preguntando: ¿este tío no llega un poco tarde? ¡Hace ya cinco días que se bajo el telón! Tranquilos. Lo sé, lo sé. Pero si lo piensan detenidamente, ¿ qué importa eso? Está pseudo-crónica podía haberse escrito incluso una semana antes de la ceremonia. Todos y cada uno de los que vimos la gala ya sabíamos quién iba a ser el caballo ganador. “Mar adentro” arrasó; casi el pleno al quince. Y cuidado: que yo no digo que no se los mereciera, pero no nos engañemos, lo previsible acaba aburriendo.
El film de Amenábar hizo historia con 14 goyas, incluidos los premios a la mejor música, al mejor guión original, a la mejor dirección y a la mejor película. Orsoncito (así es como llama mi amigo Pumares a Alejandro) ya tiene en su haber 7 cabezones y con sólo 32 años. ¿Alguien dudaba de su talento? Desde su opera prima “Tesis”, el chaval ya apuntaba maneras. ¡Enhorabuena!
En relación al resto de premiados, no hubo grandes sorpresas. A destacar el goya a la película extranjera de habla hispana, que fue para “Whisky”, de nacionalidad uruguaya y que según opinión de los entendidos, es un homenaje al cine de Kierostami (espero haberlo escrito bien). ¿Interesante? Es posible. ¿Una historia con ritmo? Sinceramente, lo dudo; sobre todo viendo cuáles son sus raíces.
Y respecto a los momentos emotivos de la noche, a resaltar el goya de honor a Jose Luís López Vázquez, quien tuvo palabras de recuerdo para su viejo y buen amigo, el ya desaparecido Agustín González. Señores y señoras de la Academía, ¿para cuando el goya honorífico, aunque sea póstumo? Espero que el año que viene esten a la altura.
Tampoco podemos olvidar las palabras de su presidenta Mercedes Sampietro, quien apostó por una lucha directa contra la piratería. Mientrastanto, nuestro presi ZP acompañado por su esposa Sonsoles, se lo miraba todo con cierta distancia y aguantando lo que le echasen. ¿No le llamaban el hombre tranquilo?

Poco más podría añadir. A excepción de la agradable sorpresa de ver a la diva Montserrat Caballé ejerciendo de cómica y de la tríste estrategía de intentar agilizar una gala recurriendo al viejo truco del tío Oscar que consiste en dejar hablar, pero lo justo.Eso sí, todo a través de micrófonos de diseño que aparecían y desaparecían como por arte de magia gracias a un control remoto. Por suerte, la matriarca de los Serrano. Belen Rueda, les paró los pies a tiempo. !Eh¡ Y ¿qué me dicen del gran ausente y olvidado Pedro Almodóvar? “La mala educación” no se llevó ninguno de los 4 goyas a los que optaba ¿Habrá pelea de gallos entre Orsoncito y el divo manchego?

Tal y como dijo Diego Galán el lunes pasado en El País, “el cine español está bien; sus ceremonias, peor”.

Palabra de Arkadin. Larga vida al cine español.