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ATRINCHERADOS

Política

Aquí no sirve ni muere nadie

Mi primera aportación es un copy-paste. Mal empezamos. Y además la copio sin niguna autorización, pero creo que la rexlexión merece la pena.

Es un artículo de Arturo Pérez-Reverte publicado el dia 16 de Enero en la revista "El Semanal".

Brouquer

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Aquí no sirve ni muere nadie.

Seguimos actualizándonos, pardiez. En la academia de suboficiales de Lérida, Defensa –el nombre empieza a parecer un chiste– ha retirado la inscripción «A España servir hasta morir». La decisión se tomó por presiones de vecinos y políticos locales, que pedían la desaparición de un mensaje que consideraban «una vergonzosa agresión al paisaje, al buen gusto y a la libertad». Y bueno. Lo del paisaje y el buen gusto podría ser; pero la agresión a la libertad no termino de verla del todo. Mi libertad, por lo menos, no se ve agredida porque los suboficiales del Ejército sirvan a España hasta morir, en Lérida o en donde sea. Más bien al contrario. A mí, la verdad, que en un ejército voluntario, como el de ahora, haya individuos e individuas dispuestos a dejarse escabechar por España, siempre y cuando sea en condiciones normales de milicia y no en vuelos chárter de segunda mano para ahorrarle cuatro duros al ministerio, me parece estupendo. Alguien tendrá que hacerlo llegado el caso, digo yo. Y además lo llevan incluido en el oficio y en la mierda de sueldo que cobran. De modo que si a alguien le parece mal, sólo veo una explicación: ese alguien cree que no hace falta que nadie muera por España.

Dejemos las cosas claras. En este país ruin e insolidario, y en lo que a mí se refiere, las banderitas e himnos nacionales, regionales y locales, los villancicos navideños, las salves marineras y rocieras, las jotas a la Pilarica o a San Apapucio, los pasos de Semana Santa y la ola en los estadios cuando juega la selección tal o la cual, se los pueden guardar algunos donde les alivien. Cuando políticos, generales, obispos, financieros y presidentes futboleros, entre otros, agitan desaforadamente trapos, crucifijos, folklore, camisetas o lo que sea, en vez de heroísmo, patrias, dignidades, espiritualidades, tradiciones y cosas así, lo que yo veo es a millones de infelices manipulados desde hace siglos por aquellos que diseñan las banderas y los símbolos, utilizándolos para llevarse al personal a la cama. Lo que no es incompatible –acabo de escribir una novela sobre eso– con la ternura y respeto que siento por los desgraciados que lucharon, sufrieron y palmaron por una fe, por un deber o porque no tenían más remedio. Pero entre quienes se benefician de ello, no veo distinción entre derechas, izquierdas, nacionalistas o mediopensionistas. En sus manos pecadoras, tan sucia es la bandera que agitan como la ausencia de la que niegan. Bicolor, tricolor, multicolor, technicolor o cinemascope. Lo mismo si la izan que si la descuartizan.

Respecto a lo que decía antes, me explico más. Quienes crean que en un país normal, con fronteras y política exterior, los ejércitos resultan innecesarios, son unos pardillos. Esa murga sería preciosa en un mundo ideal, pero nada tiene que ver con éste. Ciertos cantamañanas olvidan, o ignoran, que quienes en 1936 vertebraron la defensa antifranquista, tonterías populacheras aparte, fueron los organizadísimos comunistas y los militares profesionales leales a la República. En cuanto al presente de indicativo, la razón de que Estados Unidos, nos cuaje o no, sea árbitro del mundo no se basa sólo en su potencia económica, sino en su carísima y eficaz máquina militar sin complejos. Europa es un ratoncillo en ese terreno, y España la colita cochambrosa de ese ratón. Pregúntenselo a Javier Solana, el míster Pesc del circo Price, cuando va a Israel y esa mala bestia de Sharon se le descojona en la cara. O a nuestro genio de la blitzkrieg diplomática y el buen rollito, el ministro Moratinos, la próxima vez que los ingleses le metan la Royal Navy en el estanque del Retiro. El pacifismo y el antiamericanismo rinden en titulares de prensa; pero la falta de fuerzas armadas propias significa que, si algo se va al carajo, habrá que pedir ayuda a los Estados Unidos, como en las guerras mundiales, Bosnia, Kosovo y demás. Siempre y cuando Estados Unidos no esté con el otro bando. Lo ideal, claro, es acabar de una vez con las armas y las guerras y besarnos todos en la boca dialogante, muá, muá, slurp. Pero esa película hace tiempo que la quitaron de los cines.

Aunque, volviendo a lo de la academia de Lérida, cabe una segunda posibilidad: que aparte de quien cree innecesario que exista gente capaz de sacrificarse por España, haya a quien le conviene que nadie la defienda si la maltratan o descuartizan. En el primer caso nos las veríamos con un ingenuo, o un imbécil. En el otro caso, con un relamido hijo de la gran puta.

Pepe,el apóstata

Pepe,el apóstata Allá por el siglo IV un tal Juliano llegó al trono del imperio romano.Por entonces casi todo el mundo en Roma era ya decididamente cristiano,más cuando el emperador Constantino había dado entrada al poder a la iglesia cristiana.En cambio,el nuevo emperador,se dedicó a perseguir todo lo que oliese a cristiano. Por este motivo la historia lo conoce como Juliano el apóstata.
Diecisiete siglos después,en pleno centro de Madrid,un gobernante volvía a recibir tal calificación.Pero esta vez no se trata de un emperador romano. Esta ocasión el insulto iba dirigido a José Bono.
Lo cierto es que Pepe no solo escucho que era un enemigo de la iglesia.A parte de los típicos insultos que todos conocemos,la concurrencía le acusó de ser amigo de los homosexuales y le invito a que se fuese con su amigo Gallardón (desconocemos si hay alguna relación entre las dos cosas) Pero lo peor fue los diversos intentos de agresión que sufrió el ex-presidente Manchego.
Aunque lo cierto es que el resto de la manifestación se acordó más de ZP y sus amigos que del pobre Bono. Al final acabaron todos protestando frente a la emisora oficial del PSOE ,cadena SER para más señas.
Es obvio que estos incidentes son totalmente condenables.Más cuando se ceban en José Bono un de los pocos socialistas que han tenido valor para defender la idea de España y que ha mostrado respeto por la iglesia.
¿Qué hubiese pasado sí por allí hubiesen aparecido otros insignies socialistas que no han demostrado tener la misma visión de estos asuntos que Bono?
Por otro lado,lo que si es condenable es como algunos estan tratando,una vez más,estos temas.Mal hará ahora el PSOE de llenarse la boca con este asunto porqué sería muy fácil recordarle su actuación durante el linchamiento que sufrió el PP trás el 11-M. ¿Acaso Josep Piqué no vivío una situación igual en la manifestación de Barcelona del 12 de Marzo?
El problema suele ser que en este país la gente tiene la memoria muy selectiva y los recuerdos van y vienen como las mareas del Cantábrico.

Drope